Soy un bloguero de la cosecha de 2005, como buena parte de la gente a la que leo. En aquel momento, la web 2.0 era básicamente un asunto de blogs y wikis. Blogs para hablar urbi et orbe, y wikis para generar conocimiento compartido. Desde entonces, la web social ha explotado en mil aplicaciones y ya no es necesario escribir un blog y colaborar en un wiki para obtener el carnet dospuntocerista. Sin embargo, los que empezamos con los blogs seguimos un poco anclados en ese espíritu.
En los primeros años hubo una fiebre por establecer algo así como una moralidad bloguera, innumerables versiones de los mandamientos del buen bloguero, con algunas normas repetidas, como comentar, contestar, enlazar, escribir con frecuencia... El libro "manual de uso del blog en la empresa" es un producto muy de ese tiempo. Miquel Rodríguez lo llamó "un manual de urbanidad".
Curiosamente, algunos de mis amigos que siguen al pie de la letra las normas, que se esfuerzan por enlazar, por contestar los comentarios, por redistribuir las ideas en sus blogs, no siguen sus propias normas cuando saltan a las redes sociales, y apenas contestan o retuitean cuando están, por ejemplo, en Twitter. Existe una "generación blog", y ya somos retaguardia frente a la "generación social media".
Todo este rollo es para justificar el título de este post. Pretendo escribir una serie de posts en honor a mis héroes en la web social. Les llamaré "blogueros", así, en masculino, porque es la palabra con la que pienso en ellos de manera colectiva, y porque nadie ha inventado otra denominación más propia que haya hecho fortuna.
Es mi modesta contribución a la demolición de los rankings, una forma de retribuir los buenos momentos que me han dado y un ejercicio de malicia: independientemente de a cuantos vaya nombrando, siempre habrá alguien a quien no haya nombrado y que guarde la espinita de que debería haberlo hecho. Así se crean las grandes audiencias y algunas pequeñas enemistades :-)